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La Liga perdida en Bahía y otro desencanto a nivel nacional para el básquetbol de la ciudad

La Liga perdida en Bahía y otro desencanto a nivel nacional para el básquetbol de la ciudad

 

Por Fernando Rodríguez

Twitter: @rodriguezefe

Instagram: ferodriguez_

(Nota publicada en la edición impresa)
 

   La semana comenzó con una noticia en “La Nueva.” que confirmaba -oficialmente- lo que ya había corrido en el ambiente: Bahía Basket se bajaba de la Liga Argentina.

   Resultó otra crónica de una “muerte anunciada”, aunque no menos dolorosa, después de la cosecha de pobres resultados colectivos en las últimas temporadas, incluyendo el descenso en la Liga Nacional y la navegación por el fondo de la tabla en la Liga Argentina.

   El lunes volvió a invadir la sensación de vacío, sabiendo que se perdía otra referencia local en el mapa basquetbolístico argentino, quedando únicamente con Villa Mitre compitiendo en el plano nacional.

   Difícil de aceptar, una vez más, cómo la “Capital del Básquet” no logra traccionar a nivel nacional y mantenerse a través del tiempo.

   El proceso previo a esta última deserción resultó -en parte- diferente al resto de las experiencias, pero con idéntico desenlace.

   En tal sentido la iniciativa de Pepe Sánchez originalmente significó un resurgir, cuando le extendió la mano al agonizante Estudiantes.

   En ese momento, hace 12 años, la dirigencia del Albo la luchó como pudo, pero la realidad es que la situación la superó, como a las anteriores gestiones que lo intentaron en otros clubes de la ciudad.

  El valioso y respetable empuje de dirigentes más pasionales que racionales, quienes mayoritariamente insisten con posicionar a sus clubes a nivel nacional, generalmente termina claudicando ante la realidad económica.

   Y así pasó, contabilizando solamente los casos locales, con Pacífico, Olimpo, Estudiantes, El Nacional y Villa Mitre, lista que puede ampliarse con muchos ejemplos a lo largo del país.

   No obstante, los cambios generacionales en la dirigencia de los clubes, a veces renuevan las expectativas, alimentan la ilusión y vuelven a intentar, como ya sucedió con Olimpo, El Nacional y Villa Mitre.

   Es comprensible y admirable la búsqueda de revancha. Y ese empuje, por cierto se celebra.

 
   En el caso de Bahía Basket, como primera medida, logró mantener a un equipo bahiense en la élite del básquetbol nacional otras nueve temporadas, cuando Estudiantes había anunciado que ya no podía continuar.

   Asumido el traspaso, con una cabeza más fría que corazón caliente, contrariamente al común de los dirigentes, Pepe Sánchez intentó proyectar y aplicar, proporcionalmente a las posibilidades, todo lo que absorbió durante su exitosa carrera como jugador, con el objetivo de dejar algo para la ciudad.

   Incursionó por diferentes caminos, fue reconociendo el terreno, pisando firme por momentos y patinando en otros. Se trató de prueba y error, ampliando el concepto tradicional de franquicia, buscando ofrecer alguna alternativa más allá de lo estrictamente deportivo.

   Mientras tanto, claro, intentó lograr el equilibrio económico, ese factor determinante en el cual gira cualquier empresa y que muy pocas veces se alcanza en los clubes que participan a nivel profesional.

   Deportivamente, en los inicios resultó el renacer del básquetbol profesional en la ciudad, con un dejo de melancolía por ser testigos del regreso y despedida de grandes jugadores que ya eran parte del archivo para los bahienses.

   Captando talentos y desarrollándolos, logró un mix con algunos mayores que potenciaron la estructura deportiva de base, inclusive, llegando a posicionarse a nivel internacional.

   Y así marchó. Con altibajos, pero presentando equipos competitivos; eso sí, cada vez apostando más a la juventud.

   Ahora bien, en el proceso de recambio y ante la sangría natural e impulsada sabiendo que esta plataforma era exclusivamente de formación para el jugador, el nivel de individualidades fue decayendo. Ahí se complicó.

   De alguna manera los resultados colectivos opacaron lo que transmitía el proyecto en sí, más allá de la intención de minimizar, desde adentro, la devolución que les daba la propia competencia, argumentando que el desarrollo individual era prácticamente el único fin.

   La diferencia con otras experiencias fue el potencial que logró la mayoría de los jugadores que utilizaron a Bahía Basket como trampolín.

   Y otro aspecto positivo y no menor, fue que paralelamente y por encima de los triunfos o derrotas, en estos años refaccionaron el Osvaldo Casanova, generaron otro espacio deportivo poniendo en valor el Polideportivo Norte y, fundamentalmente, construyeron el Dow Center.

   Este centro de entrenamiento significa, por encima de cualquier resultado deportivo, un patrimonio de alto impacto para la ciudad en materia deportiva.

   Con todo esto sobre la mesa y haciendo un balance, como suele ocurrir en estos casos, la decisión tomada por Bahía Basket generó diversas opiniones.

   Lo cierto es que, en definitiva, al margen del gran impacto en cuanto a infraestructura, la propia competencia profesional fue torciendo el brazo de un proyecto que pudo concretarse parcialmente y cuyo vínculo con el básquetbol nacional terminó como tantos otros.

   Así, Bahía Blanca vivió otro desencanto con su incursión en el básquetbol profesional, en este caso, con la deserción de Bahía Basket. Y es natural.

   Ahora bien, como dijimos, no se trata de una única experiencia con este desenlace en la ciudad. Ya son varias vinculadas a la Liga Nacional o Liga Argentina. Entonces, surge el interrogante: ¿El problema es de quien lo intenta, del medio que lo rodea o de la propia competencia?

   Ojalá que otros entusiastas con capacidad de gestión, deportiva y económica, se animen a explorar, a invertir y a potenciar los recursos que ofrece el rico e histórico deporte de nuestra ciudad, el mismo ahora quedó solo con Villa Mitre como representante a nivel nacional. 

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